Celtas, romanos, cristianos... muchas culturas han aportado su granito de arena a una fiesta que hunde sus raíces en un pasado remoto y que ha conservado siempre un rasgo fundamental: la fascinación por la muerte.
La fiesta de Halloween es una mezcla de tradiciones más o menos antiguas y tiene su propia versión en muchos países. Sin embargo, el Halloween que se ha hecho famoso es el que celebran los norteamericanos. Gracias a las películas de Hollywood ellos han sabido exportar como nadie una fiestividad cuyas señas de identidad han terminado siendo los disfraces y las calabazas y, claro está, el culto al terror y a la muerte.
En realidad, los primeros en celebrar la fiesta de Halloween fueron los celtas (antiguos habitantes de Gran Bretaña) que hacían su "primitivo Halloween" cada 31 de octubre. Por aquel entonces la fiesta estaba dedicada a un tal Samhain (su dios de los muertos) y era la noche en que los druidas de la tribu se ponían en contacto con los difuntos. Esa noche marcaba el final del año y toda la comunidad lo celebraba por todo lo alto.
Pero con la invasión de los romanos, la cultura celta se mezcló con la de los césares y la religión de los druidas terminó por desaparecer. Sin embargo, la "fiesta de los muertos" no se perdió del todo. Los romanos la fusionaron con sus Fiestas de Pomona, dedicadas a la diosa de la fertilidad, y así el primitivo Halloween de los celtas pudo sobrevivir al paso del tiempo conservando gran parte de su espíritu y algunos de sus ritos.
Con la expansión del cristianismo por Europa la fiesta se encontró un nuevo rival. Primero el Papa Gregorio III decidió trasladar la "Fiesta de Todos los Santos" al 1º de Noviembre y poco más tarde, en el año 840, Gregorio IV ordenó que celebración fuera universal. Y como fiesta mayor que era requería una "vigilia" para preparar la fiestorra. Precisamente el 31 de octubre, la "noche de los muertos" de los antiguos celtas. Esta vigilia se llamó "All Hallow's Even" (Vigilia de Todos los Santos) y con el paso del tiempo su importancia fue creciendo y su pronunciación fue cambiando hasta terminar en lo que hoy conocemos como "Halloween".
Pese al cúmulo de coincidencias y de ritos superpuestos, la fiesta cristiana conservó guiños de la versión ancestral iniciada por los celtas y continuó siendo para siempre la noche de los que tributaban un especial interés por la muerte y el más allá.
Quisiera darte mi niña
un viaje a la luna
que todo aquello que anhelas
pudiera ser
y ser tu rayo de luz
en la noche oscura.
que tengas lo que yo nunca
pude tener.
Que más quisiera mi dulce bien
que ser de tu vida la sustancia
y ser la fina fragancia
para tu piel
si ya se han ido perdiendo
mis esperanzas
y hoy me pides que te compre
un reloj Cartier.
Te doy mi sol,
calor de un nuevo amanecer
y una canción
que es como el agua de beber.
Te doy mi pan
que está mojado en el café,
te doy la sal que el mar
ha dejado en mi piel.
Que más quisiera mi corazón
que en un carro nuevo ir a buscarte
y verte siempre a la moda
París - New York.
Si por más que yo quiera,
es que no me alcanza
y aún debo aquella cartera
de Christian Dior.
Te doy mi Dios,
un beso en el atardecer
y una canción
que es como el agua de beber.
Te doy mi paz,
un niño que está por nacer.
Te doy la sal que el mar
ha dejado en mi piel.
Te doy mi sol.
Te doy mi pan.
Te doy mi paz.
Te doy mi Dios.
Te doy mi sal.
Te doy mi Dios.
Millonarios, cumplamos la cita;
que es la nuestra una cita de honor:
Millonarios, el tiempo corona
solo aquel que en la cancha es mejor
A vencer, Millonarios marchemos,
nuestra hinchada ya colma el Campín
y la azul camiseta de gloria
la lucha sabremos cubrir
Tras la partida si fue adverso el marcador
y te afliges compañero por haber fallado el gol;
nada te importe esa mala suerte de hoy;
mira que hay desquite y eres maestro del fútbol
Millonarios, cumplamos la cita
que es la nuestra una cita de honor,
Millonarios, el tiempo corona
solo aquel que en la cancha es mejor
Millonarios, la envidia nos hiere;
nos acecha cobarde el rencor
Millonarios, recuerda que somos
once amigos, solo un corazón
Gracias por todos los momentos
que hemos compartido
momentos llenos de sentimientos
y pensamientos compartidos,
sueños y anhelos,
secretos, risas y lágrimas,
y sobre todo, amistad.
Cada preciado segundo quedará atesorado
eternamente en mi corazón.
Gracias por dedicarme tiempo
tiempo para demostrar tu preocupación por mí,
tiempo para escuchar mis problemas
y ayudarme a buscarles solución,
y sobre todo,
tiempo para sonreir y mostrarme tu afecto.
Gracias por ser lo que eres
una persona maravillosa.
Pude contar contigo
cuando necesitaba en quien confiar
y pedir consejo.
Gracias a ti comencé
a conocerme
e incluso a apreciar lo que soy.
¿Cómo podré expresarte
todo el cariño que te tengo?
Muchas gracias por tu amistad.